HISTORIA DE CANARIAS


 

Las islas Canarias eran conocidas por los fenicios y los cartagineses. Sin embargo, en las fuentes fenicias no se habla de los aborígenes de las islas, si no es para afirmar que los descubridores cometieron toda clase de atrocidades contra los primitivos guanches.

    Los navegantes cartagineses conocían las más diversas razas humanas: gente del Próximo Oriente, camitas, griegos, celtas, antiguos iberos y gran número de razas negras; y, por consiguiente, no debieron de sorprenderse mucho al encontrar a un pueblo rubio, de ojos azules, habitante de las cavernas y viviendo todavía en la Edad de Piedra.

    Es curioso que no se pueda reconstruir cuándo y quién redescubrió a los canarios. Se habla de los árabes, de los portugueses, de los españoles y de los genoveses; parece que en 1335 llegó a Lisboa un barco con guanches prisioneros. Y de una expedición del año 1341 nos han llegado algunos detalles algo más precisos: dos naves, fletadas por el rey de Portugal y con tripulación florentina, genovesa y española, alcanzaron las islas en el mes de julio del citado año bajo el mando del genovés Niccoloso da Recco y del florentino Angiolino del Teggihia de Corbizzi; permanecieron allí durante cinco meses y, a su regreso a Lisboa, traían tantas cosas interesantes que nada menos que el propio Boccaccio tomó la pluma para escribir un retrato de los guanches, basándose en los datos que, por carta, le había dado da Recco. Según nos dice Boccaccio, las islas Canarias "eran unas tierras rocosas sin ninguna clase de cultivo, pero ricas en cabras y otros animales y llenas de hombres y mujeres desnudos, que por sus costumbres se parecían a los salvajes algunos de ellos parecían gobernar a los demás y se vestían con pieles de cabras, teñidas con azafrán y tintes rojos.

    Desde lejos, estas pieles parecían muy finas y delicadas y estaban cosidas cuidadosamente con hilos de tripas de animal. Por lo que se desprende de sus ademanes, estos salvajes tienen un soberano, al que muestran gran respeto y obediencia. Su lenguaje es muy suave, su modo de hablar animado y precipitado como el italiano.

    Cuatro de ellos fueron retenidos a bordo; éstos son los que llegaron a Lisboa. Boccaccio planteó ya el problema que había de ocupar más tarde a todos cuantos estudiaron a los guanches, es decir, ¿cómo es posible que allí, en las islas Canarias, hubiera, al lado de los trogloditas, unas gentes de cultura evidentemente superior, que "vivían en casitas con jardines con muchas higueras y palmeras, y berzas y otras verduras"? Pero estos guanches más civilizados de las islas orientales también iban desnudos, salvo un pequeño taparrabos. En cambio, cultivaban el trigo y el mijo, vivían en ciudades y poblados, tenían reyes, sacerdotes y una casta noble, adoraban una divinidad femenina y embalsamaban ceremoniosamente a sus muertos. Ambos grupos, los trogloditas salvajes y los agricultores civilizados, eran rubios, de ojos azules, y de estatura muy alta, como los individuos de más pura raza germánica.

   En los años que siguieron, las islas Canarias fueron el lugar predilecto donde los navegantes de las distintas naciones fueron a cazar esclavos: se cazaba a los desgraciados rubios desnudos y se les vendía a los mercaderes y grandes señores del norte de África que los querían comprar. Eso duró hasta que, en 1402, el noble normando Bethencourt concibió la humanitaria idea de colonizar las islas Canarias con emigrantes franceses y domesticar a los guanches, vestirlos y convertirles al cristianismo. Lo logró, en efecto -aunque teniendo que emplear algunas medidas radicales- con los habitantes de la isla de Lanzarote.

    Pero los guanches de las demás islas no se mostraron dispuestos a trocar su paradisíaca desnudez por la civilización del señor de Bethencourt, lo cual dio lugar a sangrientas luchas, en el curso de las cuales los guanches bautizados de Lanzarote conquistaron dos islas más para el noble normando. Pero los conquistadores no se atrevieron a acercarse a las grandes islas con su sociedad rigurosamente organizada en castas. Un año más tarde Bethencourt volvió a las Canarias acompañado de un obispo y de un grupo de normandos aventureros; allí fue recibido con grandes aullidos de alegría por parte de los guanches bautizados y con pedradas por parte de los no bautizados.

    Dos sacerdotes de los que le acompañaban, Piere Bontier y Jean Leverrier, estudiaron la vida de los indígenas y añadieron una serie de sabrosos detalles a la descripción de Boccaccio. Según ellos, los grupos de guanches primitivos vivían en comunidad matriarcal, se alimentaban de raíces y leche de cabra y, como armas, empleaban piedras y picas de madera aguzadas; esos trogloditas trepaban por las montañas con la misma facilidad que las cabras y eran tan buenos corredores que podían cazar una liebre en carrera.

    Pero la mayor parte de los guanches de las islas mayores de Gran Canaria y Tenerife estaban organizados en diferentes estados; al frente de cada estado guanche había un rey, al que asistía un senado elegido entre los guanches nobles: Un sacerdote cuidaba del culto del dios supremo invisible y de la diosa de la fecundidad, mediaba en procesos legales y dirigía los combates rituales, que entusiasmaban a los guanches. Los indígenas no conocían los metales; tampoco poseían embarcaciones y no podían trasladarse de una isla a otra. Ese fue el motivo de que cada isla tuviese una lengua propia y acabara por no comprender la de las demás. Parece que un día que un español preguntó a varios guanches de la Gran Canaria de dónde procedían, éstos le contestaron: "Dios nos puso en estas islas, nos dejó aquí y luego se olvidó de nosotros". Más tarde se descubrieron en las islas Canarias restos de una antigua cultura megalítica, dibujos rupestres y gran número de inscripciones que no han podido ser descifradas. Pero al llegar aquella época, el destino de los guanches estaba ya fijado.

    El señor de Bethencourt había abandonado su empresa colonizadora y las Canarias pasaron a manos de los españoles. Pero como aquel extraño pueblo insular se resistía a todo intento de civilización, las tropas españolas de los siglos XV y XVI tuvieron que luchar interminablemente con él hasta su desaparición. El valor que demostraron los guanches en las luchas desesperadas sorprendió incluso a los militares españoles más bregados: en el año 1483, el rey del estado guanche de Telde puso en fuga a los españoles de la Gran Canaria; en Tenerife, unos trogloditas desnudos vencieron, en 1494, a ochocientos soldados bien armados y no se les pudo reducir hasta que se mandó allí una gran escuadra que luchó durante todo un año; y en otras islas, los guanches vencidos se precipitaban desde lo alto de las rocas sagradas para no verse reducidos a cautiverio.

    Cuando los últimos guanches libres ya habían desaparecido y el resto de la población, después de bautizada, se hubo mezclado con los españoles inmigrados, los normandos y los norteafricanos hasta formar un pueblo mestizo todavía bastante rubio y de tez clara, los etnólogos empezaron a dirigir la mirada a las islas Canarias. Pero ya era tarde, porque de la cultura guanche sólo quedaban muy pocos restos y de la lengua guanche únicamente unos setecientos nombres geográficos y otras trescientas expresiones. De pronto, a los ojos de la ciencia, este pueblo misterioso fue considerado "una raza de valientes y pacíficos pastores, de costumbres moderadas y puras", según explica una descripción hecha en el siglo XIX, "modelo de honradez, lealtad, pundonor, moderación y formalidad", y "trabajadores, compasivos con los ancianos y sumamente hospitalarios". Con lo cual uno se pregunta: ¿por qué los conquistadores europeos se empeñaron en aniquilar tan extraordinarias virtudes para sustituirlas por su código de costumbres? A mediados del siglo XIX aparecieron los primeros especialistas e intentaron desentrañar el secreto de los guanches.

Por defecto se ha denominado Guanches a todos los pueblo aborígenes que habitaban las islas canarias a la llegada de los conquistadores castellanos, los guanches realmente solo eran el pueblo poblador de la isla de Tenerife y por estos se le ha dado el nombre al resto de los aborígenes que poblaron las islas Canarias. 7 son las islas canarias y 7 eran sus pueblos.

-Fuerteventura-Erbania*/Maxorata :Cuyos pobladores eran los Maxos.
-Gran Canaria-Tamaraan: Cuyos pobladores eran los Canarii.
-El Hierro-Hero/Iherren : Cuyos pobladores eran los Bimbaches.
-Lanzarote-Titeroygatra :Cuyos pobladores eran los Maxos. .
-La Gomera-Ghomerah : Cuyos pobladores eran los Gomeros.
-La Palma-Benahoare : Cuyos pobladores eran los Auritas.
-Tenerife-Achinet : Cuyos pobladores eran los Guanches.

    Las Islas Canarias, encrucijada en las vías de comunicación de tres continentes, han sido prácticamente desconocidas hasta tiempos históricos, el estudio de su origen y la época de formación del archipiélago, es todavía una incógnita, pese a la variedad de teorías sustentadas, materia que se presta a muchas conjeturas, objeto de un incompleto conocimiento que tal vez no llegue a saberse nunca, así Hernández Pacheco, sostiene que Las Islas Canarias dependen geológicamente y desde muy antiguo, de África y de la gran plataforma sahárica. Añade que, según la tesis de Telesforo Bravo, debemos considerar a Las Islas Canarias como hijas de África que al separarse del continente y aislarse en el Atlántico, han constituido otra entidad geográfica y geológica, habiendo seguido en cierto modo, desde entonces un proceso o una vida diferente, a lo largo del cual han tendido hacia lo continental o hacia lo oceánico, lo que está basado en el carácter de la acidez de las masas eruptivas, coincidiendo en el primer caso las erupciones, con movimientos de emersión y aproximación hacia el Continente y en el segundo, con los hundimientos y aislamientos del archipiélago.
    Pero en la actualidad, todas las islas tienden a levantarse y nos encontramos, según el parecer de los científicos, en un postrer y débil estadio de manifestaciones eruptivas, Las Islas Canarias han conseguido ya plena insularidad, ya que grandes fondos marinos son verdaderos abismos oceánicos y las aíslan del continente africano y entre sí, pudiendo decirse que no sólo el archipiélago se ha independizado definitivamente de África, sino que cada isla sigue dentro del conjunto, una vida especial con características en cierto modo propia.
    Agustín Millares Torres, en su Historia General de las Islas Canarias, dice textualmente: "Las Islas Canarias" colocadas en una de las más favorecidas latitudes del Globo, envueltas en el misterio de lo desconocido y rodeadas de un Océano de ignorados límites, fueron desde luego designadas como el lugar escogido por los dioses para que las almas de los justos gozaran de esa eterna felicidad prometida a sus virtudes.

    Éste fue pues, el primer nombre que se dio al archipiélago, recibiendo después el de Campos Elíseos, mansión de los Bienaventurados, Paraíso de los Elegidos, Islas Felices y otros análogos. Posteriormente, las islas van adquiriendo cada una de ellas su denominación propia, que varía según el gusto de los cartógrafos y geógrafos. Entre estas denominaciones encontramos las de Atlántidas en recuerdo de la fábula de las hijas del rey Atlas, y Hespérides en recuerdo a las seis doncellas que guardaban el jardín de las manzanas de oro.
    Pero analicemos sus nombres posteriores, parece estar claro que la Isla de Gran Canaria recibió siempre este nombre, siendo su aplicación a las demás algo posterior. Hay tres teorías del origen de la palabra -Canarias- Una de ellas la hace proceder del latín (Cannis (perro)) por los perros de grandes dimensiones que encontraron. Pero a la llegada de los capellanes de Bethencourt, se hace constar que en la isla de Gran Canaria los perros eran pequeños. Otros lo hacen derivar de unos pueblos del Atlas llamados Canarii. Y por último, con más fundamento (Canna o caña amarga) de que crece en el país, de la cual se hace una leche que es muy venenosa, y fue conocida por Juba, quien escribió tratado sobre ello.

Entre los guanches ya se conocían con nombre las islas por lo que :

La Isla de Gran Canaria se denominaba (Tamarán o país de valientes).
La isla de Lanzarote, que por sus aborígenes, se denominaba (Titeroigatras) cuyo significado todavía es indescifrable, fue denominada Lanzarote en memoria del navegante genovés Lanciloto Maloxello.
La Isla de Fuerteventura, designada (Erbania) por los guanches de Gran Canaria, y cuyo significado se desconoce, fue llamada posteriormente (Fortuite) por los franceses, aunque dicha etimología no está muy clara.
La Isla de Tenerife, que primero recibió en un atlas francés el nombre de (Insula del Infierno) por el temor al Teide y sus erupciones casi constantes, prevaleció con el nombre de Tenerife, composición de (Tener) montaña de (Ife) blanca.
La Isla de La Gomera, se denominó así desde el siglo XIII, y existen tres hipótesis: la primera, dice proceder de la palabra (Ghomerah) o tribu beréber que ocupo dicha isla. La segunda, dice proceder de (Goma), dado que existían numerosos lentiscos que producían goma. Y por último, de un español denominado Gómez, que le puso este nombre.
La Isla de La Palma, denominada (Benahoave) mi tierra, por los aborígenes, recibe su nombre actual, bien de los mallorquines, en recuerdo de su capital, o bien de las palmeras que en ella existen
La Isla del Hierro, denominada isla del (Ferro) desde el siglo XIV, recibió el nombre de (Ecerós) fuerte, entre sus primeros pobladores, y hay quien cree que al traducir esto al español, se tradujo sin dificultad como ( Hierro).
Como se ve, y como afirma el mismo Agustín Millares Torres, son tan diversas las conjeturas, que sólo se puede exponer la diversidad de las mismas, pero no tomar partido por ellas.

*Algunos autores llaman a Fuerteventura Maxorata mientras que otros sostienen que el nombre es Erbania, maxorata era el nombre que se le dio al reino mayor y más occidental de los dos en que se dividía esta isla a la llegada de los conquistadores, y fueron estos los que refieriendose a las cuevas que habitaban sus moradores,"majo" o "mohod" ,s e derivó la toponimia majoreros y luego para nombrar a la isla, Majorata o Maxorata, invención culta para dar nombre a la tierra de los majoreros.
Y que Erbania o Herbania es el nombre que se le daba a la muralla que dividía los dos reinos de la isla.

 

 

 

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