HARÍA


El
municipio de Haría se encuentra situado al norte de la isla de Lanzarote
ocupando una superficie de 107 Km2. La mayor parte de su perímetro,
concretamente 42 Km., está ocupado por zonas costeras, siendo la zona
septentrional más acantilada que la oriental donde la costa es más suave
permitiendo la formación de playas.
La espectacular orografía con la que cuenta el municipio de Haría lo hacen
poseedor de innumerables bellezas paisajísticas y naturales.
En el lado occidental del municipio nos encontramos con el
macizo de Famara, uno de los más antiguos de la isla, con una edad próxima a los
20 millones de años, y una altitud sobre el nivel del mar de 600 m., alcanzando
en las Peñas del Chache los 670 m. Se cree que en la antigüedad poseía
dimensiones superiores a las que presenta hoy día, pero la erosión lo ha ido
desmantelando poco a poco. La longitud del macizo se estima en unos 23 Km. Y
forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo.
Las características orográficas del macizo de Famara junto a
la influencia de los vientos alisios aportan al clima del municipio unas
precipitaciones superiores a la media insular y unas temperaturas ligeramente
inferiores lo que convierten al municipio de Haría en uno de los lugares más
fértiles de la isla, sobre todo los pueblos de Haría y Máguez, donde podemos
observar numerosos campos cultivados de leguminosas, papas, cereales, cebollas,
ajos, etc.
Las condiciones climáticas han favorecido además la aparición
de una importante fauna y flora endémica que se ha adaptado a las condiciones
particulares del entorno y que se distribuye sobre todo por el macizo de Famara
y en el Parque Natural de La Corona.
El paisaje agrícola del municipio de Haría se distribuye en
numerosos minifundios separados unos de otros por paredes de piedra, lo que le
da una peculiaridad especial al paisaje agrícola.
Con la introducción en el siglo XIX de los enarenados
artificiales los cultivos adquieren características especiales en el municipio.
Mediante el cultivo en rofe se capta mejor la humedad del medio, ya que éste
actúa de colchón aislante reteniendo la humedad de la lluvia y evítándose con
ello su evaporación. El color negro del rofe absorbe la radiación solar lo que
provoca un aumento del calor y temperatura del suelo. Además el rofe evita las
escorrentías y protege al suelo de las lluvias torrenciales.
El medio natural ha condicionado toda la actividad humana
desde la época aborigen, por lo que los habitantes del lugar han derrochado
altas dosis de ingenio, experiencia y conocimiento del medio, así como un gran
esfuerzo para obtener agua durante los años de sequía. Fruto de esta actividad
son las numerosas fuentes de agua que encontramos en las laderas del risco de
Famara o en el valle de Temisa, así como los cientos de pozos excavados a lo
largo del barranco de Tenesía en Haría.
El pueblo de Haría contaba hasta el s. XVIII con la segunda
población más importante de la isla, por ello en 1585 se le concede pila
bautismal y cura levantándose la Iglesia de Nuestra Señora de La Encarnación en
1619, dependiente de Beneficio de Teguise, pero en 1956 un fuerte viento provocó
el desprendimiento del techo del altar mayor por lo que al poco el Ayuntamiento
decidió construir una nueva Iglesia perdiéndose para siempre uno de los
edificios religiosos más importantes del municipio. Lo que si se conserva
todavía son los santos y altares que se veneraban en dicha iglesia expuestos en
el Museo Sacro Municipal.
En el s. XIX el cultivo del nopal (tunera) abrió nuevas
posibilidades económicas para el municipio. En la actualidad podemos contemplar
en el pueblo de Mala extensos campos de cultivo dedicados a esta actividad. La
cochinilla era utilizada como colorante natural pero la aparición de los
colorantes artificiales relegó al olvido a este magnífico colorante natural que
ahora se quiere potenciar de nuevo.
El municipio de Haría presenta una arquitectura doméstica
variada donde se aprovecha los materiales de la zona, como piedras, lajas
volcánicas, etc., integrándose en perfecta armonía con el paisaje. Si bien las
casas señoriales presentan una mayor atención a las fachadas, podemos decir que
la arquitectura popular mantiene un cuidadoso acabado. En el pueblo de Haría
podemos contemplar edificios de gran belleza arquitectónica realzados por su
imbricación con el paisaje y donde el palmeral, considerado uno de los más
bellos de Canarias, juega un papel fundamental en la configuración de este oasis
que parece salido del cuento de las mil y una noches.
No podemos olvidarnos de la Ermita de San Juan levantada en
el s. XVII y la plaza León y Castillo rodeada de laureles de india y fantásticos
eucaliptos, donde todos los años se celebran las maravillosas fiestas de San
Juan, con la particular quema del muñeco Facundo en la hoguera mayor.
En el pueblo de Máguez con sus calles sinuosas y sus casas
blancas y achaparradas encontramos la única obra religiosa diseñada por el
polifacético artista César Manrique; la Ermita de Santa Bárbara.
Las poblaciones de Guinate y Ye se asientan al borde del
risco de Famara por lo que sus habitantes siempre han mantenido una estrecha
relación con el mar. Numerosas son las veredas que nos llevan a la parte baja
del macizo donde se puede disfrutar de una de la mejores playas de la isla.
En el pueblo costero de Orzola el sabor marinero del lugar
del mar se hace patente desde que nos acercamos al muelle donde podemos
disfrutar con la llegada de algún barquillo cargado de pescado recién pescado.
Coronando el municipio nos encontramos con el majestuoso
volcán de La Corona, que se hace visible para el visitante desde antes de llegar
al municipio. Este volcán entró en erupción hace más de 3.000 años, provocando
una ampliación de la isla en 20 Km., siendo la zona más afectada la parte
oriental.
El volcán de La Corona se asienta en la meseta de Guatifay y
se caracteriza por mantener un cono casi perfecto con una profundidad de 190 m.
Debido a la importancia natural de este enclave fue declarado Monumento Natural
de La Corona hace algunos años, con una superficie protegida de 1.797 hectáreas.
El campo de lava que se formó tras la erupción del volcán se
conoce con el nombre de malpaís sobre el cual se han desarrollado numerosas
especies endémicas como la tabaiba dulce, el verol o la espina.
Durante la erupción se formaron espectaculares tubos
volcánicos que tras el derrumbamiento de parte de su techo han dado lugar a los
jameos. El más conocido y visitado por los turistas es el de Los Jameos del
Agua, acondicionado como centro turístico por el artista César Manrique en 1976,
consiguiendo crear uno de los lugares más bellos de Lanzarote. En la laguna de
agua salada que se encuentra en su interior, habita un cangrejo ciego, albino,
único en el mundo, propio de las formaciones abisales. Dentro del Monumento
Natural de La Corona y formando parte del tubo volcánico de los Jameos del Agua
se encuentra la Cueva de los Verdes, donde el visitante tendrá la sensación de
haberse trasladado por unos momentos al centro de la tierra. La cueva de Los
Verdes posee uno de los tubos volcánicos más grandes del mundo, del que sólo
está abierto al público 2 Km. Este lugar fue utilizado como vivienda por los
aborígenes así como refugio por los isleños durante las razzias producidas
durante los siglos XVII y XVIII.
Para los amantes de la artesanía el pueblo de Haría cuenta
con un taller de artesanía donde se podrá encontrar lo más característico de la
artesanía del lugar, como pueden ser los cestos de pírganos, las esteras de
palma, pafios de rosetas, trabajos en hilo de pita, muñequería, etc.
Para los que quieran conocer el municipio a pie actualmente
se encuentran habilitados seis senderos rurales que recorren los lugares más
interesantes de la orografía municipal.
No podemos olvidarnos de la gastronomía pues en los numerosos
restaurantes que encontramos dispersos por el municipio siempre hay tiempo para
disfrutar del queso tierno de la zona, acompañado de un buen malvasía, de unas
buenas papas arrugadas con mojo, de cabrito o conejo en salmorejo o de un
exquisito caldo de pescado en las zonas costeras.