AGAETE


 

 

                   

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        Escudo cortado: primero, de gules, la torre de oro, segundo, las armas de baronía de los Fernández de Lugo. Al timbre, Corona Real abierta. La torre que ocupa el primer cuartel evoca la elegida en tales por el conquistador Pedro de Vera. En el segundo cuartel se plasma el escudo de armas de don Alonso Fernández de Lugo  Historia del Municipio.

    Con el topónimo Agaete, derivado al parecer de entrar o penetrar, de modo que la voz significaría " la entrada del sol o el lugar por donde el astro se esconde", es decir, lo que hoy se conoce como "la banda de poniente", las Crónicas de la Conquista de Gran Canaria hacen referencia al poblado principal del bando o cantón aborigen asentado en el actual término municipal de igual denominación.     El topónimo prehispánico fue luego castellanizado por Lagaete durante todo el período moderno, para retornar posteriormente a su primitivo origen.

    El primer ocupante del territorio fue la comunidad aborigen integrada desde el punto de vista social y político en el guanartemato de Gáldar, a raíz de la fragmentación del territorio insular en dos reinos en fechas próximas al inicio de la conquista castellana (1478). La gran cantidad de yacimientos arqueológicos encontrados en esta localidad confirman la existencia de importantes asentamientos prehispánicos anteriores a la conquista de Gran Canaria, así como el interés que despertaba Agaete dentro del Guanartemato de Gáldar, debido, fundamentalmente, a su ubicación costera y a la gran riqueza de recursos de sus valles.

    Las investigaciones arqueológicas realizadas hasta el momento sobre un patrimonio que ha sufrido un deterioro continuado a lo largo de los siglos, atestiguan la riqueza de su sociedad aborigen. Destaca la gran necrópolis del Maipes de Agaete, con más de un millar de túmulos, cuyo trazado reproduce el modelo tumular característico de las áreas de malpaís. El segundo enclave arqueológico se encuentra en el Valle y Roque de Guayedra, donde se han aislado los distintos modelos de ocupación del territorio: hábitat en viviendas de superficie y en cuevas naturales, así como cuevas funerarias y enterramientos tumulares. Por último otros conjuntos de gran interés son las cuevas de habitación de El Juncal y del Moro, ésta con arte rupestre, o la de Visvique, con silos o graneros abiertos en la roca.
    El territorio presentaba condiciones favorables para la economía aborigen. Sus extensos pastizales alimentaban los rebaños de cabras y ovejas, y las terrazas irrigadas del valle permitían el desarrollo de una agricultura de regadío, con legumbres y sementeras de cebada, el principal cereal de la dieta aborigen. El litoral ofrecía además condiciones para la actividad pesquera; una actividad que durante el período posterior mantuvo su prestigio en la economía insular.
    Desconocemos el desenlace de los primeros encuentros entre los navegantes europeos dedicados al tráfico esclavista y al intercambio de orchilla y sangre de drago con los jefes indígenas a cambio de objetos manufacturados, especialmente de útiles de hierro.

    Ahora bien si los mallorquines alcanzaron al parecer las costas de la Aldea de San Nicolás, nada impide considerar su presencia en la costa de Agaete.
    No obstante, en 1478 se inició la conquista insular por las fuerzas castellanas al mando de Juan Rejón, sustituido por Pedro de Vera en 1480, el cual dispuso la construcción en Agaete de una torre o fortaleza desde la cual someter la resistencia indígena. Concretamente en el año 1481, la Villa constituyó un enclave crucial desde el cual los castellanos, a través de su puerto natural, el conocido hoy como Puerto de las Nieves, conquistaron la isla. Este puerto fue el elegido por los castellanos para arribar sus flotas y proceder al apresamiento del Guanarteme de Gáldar, rey aborigen, así como establecer una base de operaciones, para lo que se construyó este fuerte, denominado más tarde Casa Fuerte o Torre Fortaleza.
    La citada torre tuvo como primer alcaide a Alonso Fernández de Lugo, siendo su gesta más importante la captura del guanarteme de Gáldar, Thenesor Semidán, quien, posteriormente fue bautizado con el nombre de Fernando Guanarteme por los Reyes Católicos, ejerciendo el papel de mediador entre los castellanos y la resistencia aborigen.
    Finalizada la conquista en abril 1483, quedó como alcaide de Agaete y gobernador de esta zona, Alonso Fernández de Lugo, quien dio nombre al Lugar, Puerto de las Nieves, por la devoción de la Virgen de las Nieves que le acompañó en su empresa conquistadora, no sólo aquí, sino más tarde, en La Palma y Tenerife.
    Finalizadas las contiendas bélicas y a partir del triunfo castellano, se instala un nuevo orden económico y social, llevándose a cabo el repartimiento de tierras recibiendo la familia de don Alonso las mejores tierras y más ricos manantiales de este valle. Otro de los grandes beneficiados fue el genovés Antón de Cerezo y su hijo Francisco Palomares. Unos y otros plantaron viñas y levantaron potentes ingenios azucareros. La buena marcha de esta actividad permitió la rápida repoblación de la zona, debido a la demanda de mano de obra tanto asalariada como esclava y, por otro lado, conectó al Puerto de las Nieves con los mercados europeos, especialmente en el comercio de azúcar con Holanda.

    En este momento pasan a formar parte de la población de la zona, entre otros, genoveses, castellanos y la población aborigen que sobrevivió, integrando todos una sociedad que basó su economía en las labores agrícolas.
    A partir de entonces y a comienzos del siglo XVI, el puerto de Agaete fue escala forzosa de las naves con destino al norte de Europa, además de servir de fondeadero a los buques que comerciaban con la isla de Tenerife; fue parada obligada de correillos y transeúntes, nexo de unión vital con la Aldea de San Nicolás y paso obligado de buques. Debido a la prosperidad de este comercio azucarero, Antón Cerezo y su mujer Sancha Díaz de Zurita hicieron traer un Tríptico de Flandes con la devoción a la Virgen de las Nieves, Tríptico de gran valor artístico, que hoy se venera en la Ermita que lleva su mismo nombre.
    El entramado urbano surge en dos núcleos del Lugar: el primero se desarrolló en torno a la Casa Fuerte en el Puerto de las Nieves y el segundo se constituyó en los alrededores de la Iglesia de la Concepción, construida sobre 1515.
    No obstante en el transcurso del siglo XVI, estos brillantes inicios no tardaron en desaparecer debido a la competencia de la economía azucarera americana, manteniéndose los vínculos mercantiles del exterior con una producción de vinos de inferior calidad, destinados a mercados poco exigentes.
    A comienzos del siglo XVII, Agaete cae en un proceso de deterioro económico y social. Parte de su población se desplaza a otras zonas provocando un estancamiento en su desarrollo demográfico. Las tierras, dedicadas al cultivo de cereales, millo o vitícola pasan a convertirse en propiedad del grupo de poder que amortizan las mejores tierras dejando reducidos espacios de explotación para el resto de la población.

    Durante el siglo XVII , el lugar inició una lenta recuperación demográfica, dando así lugar a la formación de los principales núcleos de población que conformaron el municipio , tal es el caso de: El Valle, El Sao, o El Hornillo.
    La agricultura siguió siendo durante los siglos posteriores el motor de la economía de Agaete, experimentando un impulso a partir del siglo XIX con la introducción de la cochinilla y posteriormente el tomate, produciéndose en este período la construcción del antiguo muelle con lo cual se hace más fluido el comercio con el resto de las islas y en especial con Tenerife, desarrollándose, a partir del mismo una importante burguesía comercial junto a los terratenientes agrarios, conformando ambos las élites del Municipio. Es precisamente en esta época con este desarrollo de esta clase social burguesa, cuando se produce la edificación de diferentes inmuebles con objetivos sociales y económicos.
    La actividad agrícola, pesquera e industrial - fábrica de calzados y embotelladora de agua mineral - crearon una etapa de relativo bienestar económico y una creciente conciencia de clase en el seno del campesino, que estalló con violencia cuando la crisis mundial de 1929 arruinó la economía exportadora local.
    Las décadas posteriores a 1940 supone los indicios de una cierta recuperación económica, debido a la recuperación de los mercados de tomates y plátanos, tocando a su fin, en la actualidad, su historia agraria, ya que sus expectativas económicas se dirigen fundamentalmente hacia el desarrollo del sector servicios, hoy por hoy y debido a la escasez de agua y al desarrollo turístico de la isla, predominan las actividades del sector terciario como la hostelería y la restauración frente al primario. Dentro de este último, la agricultura y ganadería ocupan aún una parcela de la economía del Lugar; aunque en menor medida en relación a la actividad dominante, el turismo.

    En la actualidad, son las fincas de frutas tropicales (mangas, papayas, café, aguacates, naranjas, etc.), las que marcan la producción del sector primario mientras que, en cuanto a la ganadería, es la elaboración artesanal de queso de cabra, la actividad predominante. Por su parte, la pesca artesanal constituyó una base importante de la economía municipal si bien, en el momento actual, sólo un pequeño porcentaje de la población de este municipio se dedica a esta actividad.

 

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