FIRGAS
Escudo cortado: primero sobre capo azur, montaña con
una cruz en su cima y un naciente de pata. Todo en
su color natural; y en
segundo, sobre campo de oro, haz o manojo de caña de azúcar en sinople. Bordura
de gule con cuatro pares de espadas de sable. Al timbre, Corona Real abierta.El
término de Firgas, que deriva del topónimo aborigen Afurgad, y entre otras
interpretaciones significa “ pradera” o “lugar de vegetación”, es el municipio
más reducido de la isla, con apenas 15 km2 de superficie. Sin embargo, no existe
vínculo alguno entre superficie y relevancia histórica, ya que este pequeño
municipio ha jugado un papel importante en el desarrollo histórico de la
comarca, tal y como veremos a continuación.
Datos del municipio : Superficie: 15,77 km.2
Población: 6.889 hab.
Longitud del litoral: 0 km.
Altitud capital municipio: 465 mts.
Altitud máxima: 968 m
Los enterramientos colectivos de El Hormiguero, de factura aborigen, son el
testimonio de un poblado prehispánico, emplazado en el yacimiento de La Guancha.
Las crónicas apuntan a un aprovechamiento directo de los recursos hídricos por
parte de la población aborigen, ya que señalan la existencia de una acequia como
principal obra de irrigación.
Desde el momento en el que se procede al Repartimiento de la isla, tocándole en
suerte al burgalés Tomás Rodríguez de Palenzuela tierras en Firgas, comienza su
peculiar andadura esta circunscripción, que, aunque ligada hasta el siglo XIX al
término de Arucas, no deja de sorprender y fascinar por los continuos avatares y
entresijos que le va a deparar la historia.
La evolución de Firgas es una estrecha e íntima relación entre el ser humano y
el agua. Esta afinidad es aún visible en el paisaje firguense. Acequias,
cantoneras, pequeños acueductos, manantiales, pozos, balnearios son elementos
constantes del paisaje municipal, guardando celosamente cada uno de ellos un
pasado pletórico y sorprendente.
El emplazamiento de Firgas obedece a las enormes posibilidades que atisbó Tomás
Rodríguez de Palenzuela en estos predios, pues a las fértiles tierras que le
tocó se unieron los amplios caudales que ofrecía el naciente de Las Madres, en
el barranco de Guadalupe o Aumastel. Las amplias disponibilidades hidráulicas y
agrónomas posibilitaron el desarrollo de una floreciente industria azucarera,
construyéndose varios ingenios y dedicándose importantes áreas al cultivo de la
caña de azúcar.
La implantación de estos cultivos y de los trapiches azucareros tuvo nefastas
consecuencias para la Selva de Doramas, que se desarrollaba en la casi totalidad
del municipio. Las roturaciones para la práctica agrícola, así como el
desmesurado consumo de madera en los ingenios azucareros, supusieron el
principio del fin de esta suntuosa masa forestal.
Un capítulo muy importante para el devenir de esta comarca fue el empecinamiento
de Tomás de Palenzuela en canalizar las aguas de los nacientes de Las Madres,
primero hasta Firgas y, a continuación, hasta Arucas. Esta notable obra es,
probablemente, el epílogo de la próspera Heredad de Aguas de Arucas y Firgas,
una de las primeras corporaciones comunales surgidas tras la Conquista y que hoy
en día aún permanece sólida.
En el año 1506, y al igual que Arucas, jurisdicción en la cual se integraba
Firgas, está construida la primera ermita, bajo la advocación de San Juan de
Ortega, santo que no contará con la aquiescencia ni veneración popular. A esta
ermita se le adhiere en 1613 el Convento de la Orden Dominicana, que gran
importancia tuvo en el desarrollo cultural no sólo del municipio, sino de toda
la jurisdicción. La desamortización de Mendizábal, realizada en el siglo XIX, y
bajo la cual se expropiaron los bienes religiosos, que posteriormente se
enajenaron, supuso el fin de la presencia de los dominicos en esta zona, así
como de la formación intelectual de muchos feligreses, que cultivaban su
espíritu y su intelecto en este convento.
A pesar del hundimiento de la producción azucarera, y debido a la alta
productividad que ofrecía su campiña, no cesó de aumentar la superficie
agrícola. La introducción en el siglo XVII de la papa y el millo tuvo una gran
proyección en el paisaje de estas medianías, al ser unos productos que
rápidamente se generalizaron, convirtiéndose en artículos básicos de la dieta
campesina. Asimismo, la modificación de la propiedad de la tierra, adquiriendo
cada vez más protagonismo el terrazgo, como la mejora en las obras de regadío,
propician que el municipio minimice los efectos de la crisis azucarera y pase de
una economía agrícola, basada en los productos de exportación, a una economía
agrícola sustentada en la generación de productos destinados al
autoabastecimiento o al mercado local.
La dilatación de la superficie cultivada, debido principalmente al proceso
privatizador de las tierras públicas, supuso el irremediable óbito de la Selva
de Doramas, bastante mermada ya por las continuas roturaciones y talas abusivas
que se realizaban en sus dominios, quedando, de este modo, relegada a las áreas
más improductivas del municipio, tales como escarpes o frentes inaccesibles.
Tras varios intentos fallidos, por las continuas fluctuaciones políticas
acaecidas en el segundo cuarto del siglo XIX, en el año 1835 Firgas se segrega
finalmente de Arucas, al amparo del cambio político y de régimen que se produce
tras el fallecimiento de Fernando VII, “el deseado”. Hay un aspecto bastante
anecdótico en la historia de Firgas. Normalmente se consuma primero la
independencia religiosa, con la creación de una parroquia, y posteriormente se
accede a la autonomía política. Sin embargo, la fundación de la parroquia de San
Roque, patrono auspiciado por la devoción popular, frente a San Juan de Ortega,
impuesto por la devoción familiar de Tomás de Palenzuela, no se produce hasta
1845, una década después de su nacimiento como municipio independiente.
En el siglo XIX irrumpe con fuerza un nuevo monocultivo: la cochinilla, un
parásito de las tuneras con el que se elaboraba un colorante rojo de gran valor
comercial. Sin embargo, el descubrimiento de colorantes artificiales (anilinas)
interrumpió el breve período de prosperidad propiciado por este cultivo.
A principios del siglo XX, con la introducción del plátano se crea, en las áreas
de vega y en las lomas hacia el litoral, un exuberante paisaje subtropical que,
aunque más propio de otros climas más húmedos, conformó un ambiente agradable de
verdor permanente. Debido a las grandes exigencias hídricas de este cultivo, se
realizan gran cantidad de estanques, canales, depósitos, se perforan pozos y
galerías que singularizan el paisaje del municipio.
Un elemento importante del paisaje rural, creado a lo largo de los siglos, son
los elementos arquitectónicos tradicionales. Empero, con el abandono de las
actividades tradicionales, se inicia el despoblamiento de los caseríos y la
deserción de las áreas agrícolas, manteniéndose sólo la agricultura en las áreas
más favorables, bien por la disponibilidad de riego, bien por las posibilidades
agroambientales.
En la actualidad, Firgas es un municipio eminentemente agrícola, aunque su
producción se ha reducido considerablemente en relación con la que se cosechaba
hace apenas unas décadas. Un aspecto importante, sobre todo desde el punto de
vista paisajístico, es el conocido fenómeno de la segunda residencia,
construcciones de nueva planta que, en bastantes ocasiones, introducen nuevos
conceptos arquitectónicos no basados en los tradicionales, creando un escenario
donde el hábitat se encuentra muy disperso y poco mimetizado en el entorno.
Desde el punto de vista natural y etnográfico, la visita al barranco de Azuaje
es una referencia casi obligada dentro del municipio de Firgas. Es el mismo
cauce que el barranco de La Virgen, recibiendo también la denominación de
Guadalupe.
En la carretera hacia Las Madres podremos apreciar los cultivos de berros,
cosechados gracias a la disponibilidad de agua, ya que necesitan una superficie
encharcada para su correcto desarrollo.
En el casco urbano, la iglesia parroquial de San Roque alberga unas imágenes de
bella factura, entre las que destaca la de San Cayetano. Asimismo, San Juan de
Ortega, primer patrono de la villa, completa la lista de imágenes interesantes,
pues cuenta con un busto en el interior del templo parroquial. En el exterior,
destaca la espadaña que corona su fachada, realizada en cantería de Arucas, con
decoración de temas vegetales, fechada en 1924.
De gran valor etnográfico es el molino de gofio y harina. Emplazado sobre una
acequia de la Heredad de Aguas, en pleno casco urbano, es un magnífico ejemplo
del empleo de la fuerza motriz que se obtiene provocando pequeños saltos de agua
en estas canalizaciones, capaces de mover, gracias a este aprovechamiento
energético, las piedras basálticas que trituran el grano.
Un paseo por el casco urbano nos permitirá apreciar pequeños rincones de gran
atractivo e interés, como la actual Casa de la Cultura. Fue una pensión donde
encontraban cobijo los visitantes de la villa, a partir del siglo XIX,
constituyendo uno de los primeros ejemplos de turismo rural acaecidos en las
medianías grancanarias. Su hermoso patio y su frontis son, quizás, sus elementos
arquitectónicos más considerables.
El Paseo de Gran Canaria y el Paseo de Canarias son obras más recientes en el
tiempo, donde se trata de conjugar el espíritu regional e insular, mediante la
ilustración de los escudos municipales y la reproducción de cada una de las
islas, con el paisaje visual y sonoro de los caudales de agua, propios de la
historia de la villa.
En el capítulo festivo, San Roque, celebrado el 16 de agosto, es el día más
festejado en el municipio. La famosa Bajada del Palo, desde el que se iza la
bandera de las fiestas, es un episodio cultural bastante relevante en las
mismas, así como la romería, que ofrece hermosas escenas de tipismo y tradición
folclórica.
En menor medida, otras fiestas de interés son San Luis de Gonzaga, celebradas en
el casco en el mes de junio, y las fiestas del Pilar, en el barrio de Casablanca.