MOYA

Decreto
de 31 de mayo de 1957. Primer cuartel: de gules, montaña de oro, superada de
corona del
mismo metal y brazo que trata de alcanzarla, sobre el todo de la
montaña, palmera de sinople con corazones de gules; segundo cuartel: el segundo
de sinople, canto de oro, dos cabras de sable, puestas en palo; tercer cuartel:
capa en punta de oro, con moral de sinople y tres rosas de gules. Corona Real.
Moya es la
"Villa Verde", bañada por los vientos alisios y una humedad refrescante que ha
permitido que se mantenga una de las reservas más importantes de bosque de
laurisilva en la isla, los Tilos. De la flor de este lugar se decía que su
frondosidad era tal que los rayos del sol no llegaban a tocas la tierra.
Asimismo, el municipio está encajado entre los cauces de dos barrancos que son
muy visitados por los senderistas debido a la gran belleza de su recorrido y a
que guardan variadas especies de flora y avifauna canaria,
especialmente de
lauráceas: Azuaje y barranco oscuro. Existen además otros motivos para disfrutar
de este municipio: sus suspiros y sus bizcochos, una golosina que ha dado lugar
a una importante industria de repostería.
Al igual que
los demás municipios por los que se extendía el bosque de Doramas, en la Villa
todavía podemos encontrar algunos artesanos que han heredado las técnicas para
trabajar la madera, así como elaboradores de instrumentos musicales, cesterías
de caña y pírgano, además de las labores de bordado y calados típicos canarios.
En esta villa nació en 1884 el poeta modernista Tomás Morales, cuya vivienda,
construcción típica levantada en el siglo XIX, fue inaugurada como museo en
1976, albergando la figura del poeta reproducida por el escultor Victorio Macho
y el pintor Cirilo Suárez. Asimismo, se ha constituido como Casa de la Poesía
Insular Canaria.
Moya se encontraba, a fines del siglo XVIII, entre los núcleos de población, que independientemente de Las Palmas, contaba con un alcalde real y que tras la reforma de 1766, cuenta con diputados del común y síndicos personeros.
Al igual que todos los núcleos poblacionales que se
encontraban en su misma situación, exceptuando Firgas, Moya contaba con
parroquia, la cual data del 18 de abril de 1515. La parroquia fue erigida por el
obispo Vázquez de Arce en honor a Nuestra Señora de Candelaria, pero debemos
tener en cuenta que antes de la aparición de esta parroquia existía una ermita,
que es atribuida por algunos a los Trujillos.
Esta primera ermita fue suficiente para los primeros
pobladores de esta zona de Gran Canaria, pero con el transcurso del tiempo en
Moya fue creciendo la población, por lo que se hacía necesario mejores
instalaciones para un mejor cumplimiento de los sacramentos, este aumento
poblacional más las catástrofes naturales por las que pasó el municipio,
llevaron a los vecinos del lugar a la construcción reiterada de su templo.
A pesar de que como hemos visto con anterioridad, Moya se
distinguía por tener alcalde real, no será hasta comienzos del siglo XIX cuando
aparezca el primer ayuntamiento constitucional.
La base económica del municipio de Moya tiene como pilares el
binomio conformado por la agricultura y la ganadería, dentro del sector agrícola
destacan cultivos como el plátano, las papas y las hortalizas. En el sector
ganadero destacan los ganados, vacunos, cabríos, además de las granjas avícolas.
Hay que citar
los yacimientos arqueológicos, como la cueva de Doramas o las de la Montañeta,
sin duda alguna el más importante del municipio, no sólo al abarcar una mayor
extensión, poseer una localización privilegiada en cuanto a recursos naturales y
posición estratégica para la defensa, sino que se trata de un conjunto
troglodita de cuevas naturales reestructuradas artificialmente para adecuarlas a
su utilización. Su funcionalidad era tanto de hábitat, como económico y
cultural, constatado en la cueva denominada Santuario o Almogarén.
La Iglesia de Nuestra Señora de Candelaria cuelga sobre los riscos que se
precipitan sobre el Barranco de Moya, al que da la espalda. En este mismo lugar
se asentaba la antigua parroquia que fue demolida en 1940 para sustituirla por
la actual, inaugurada en octubre de 1957. Presenta una planta dividida en tres
naves, con dos torres adosadas. En la nave central encontramos una portada
labrada en cantería y rematada con un rosetón.
Frente a la Iglesia de La Candelaria se encuentra la Casa
Museo Tomás Morales, en una plaza que lleva el nombre del escritor. En esta casa
de dos pisos con patio interior, nació el poeta que fuera exponente máximo del
Modernismo español un 10 de Octubre de 1884. El contenido del museo está
integrado por objetos o recuerdos estrechamente vinculados al autor y de
naturaleza variada, partiendo del legado del poeta. En un recorrido por sus
diferentes salas, el visitante podrá acercarse al conocimiento de la figura
humana y literaria del poeta, a través del patrimonio documental y museográfico
que se conserva y expone en esta institución, y que además, incluye el conjunto
que forman sus objetos personales, piezas de arte y mobiliario que alberga este
Museo. Destaca el busto del poeta, obra del escultor palentino Victorio Macho,
así como la reproducción de la escultura, La estela funeraria, del mismo autor,
ubicada en el Jardín-Huerta del Museo. Además del retrato del poeta obra del
pintor Cirilo Suárez.
Edificio de la Heredad de Aguas de Moya; es una magnífica
pieza de singular belleza. Consta de dos plantas y fachada simétrica, que cuenta
además con una espadaña central con reloj y un campanario. En el primer plano de
la fachada destacan seis columnas neoclásicas, pareadas en la zona central, que
sostienen una cornisa adintelada de gran canto que sirve de coronación a la
planta segunda.
Otro de los edificios más emblemáticos del municipio de Moya
se encuentra en Fontanales. Se trata de la Ermita de San Bartolomé reedificada y
ampliada cuatro veces y finalizada en 1872. Esta construcción es testigo de la
importancia social y económica que jugó en la zona históricamente Fontanales. En
la iglesia de Fontanales, podemos encontrar la imagen de San Bartolomé atribuida
al escultor guiense Luján Pérez.
En un municipio como Moya es sin duda el patrimonio
etnográfico el que conforma su mayor riqueza cultural. Testigos del pasado
quedan sembradas por el paisaje innumerables construcciones que hacen referencia
a una economía de base fundamentalmente agrícola. Casas tradicionales, bancales
y cadenas de cultivo, alpendes, eras o estructuras hidráulicas como acequias,
canales, acueductos, cantoneras o molinos conforman uno de los paisajes agrarios
más hermosos de Gran Canaria.
El hábitat rural tradicional queda ejemplificado en numerosos
lugares como el Barranco del Laurel o Fontanales. En ellos las casas, de tejas
árabes o francesas, con cubierta a dos aguas y construidas por brazos anónimos
ocupan las zonas improductivas para la agricultura, salpicando el paisaje de
viviendas entre cultivos. Estas construcciones en la que la funcionalidad era la
principal característica suelen estar acompañadas de otras estructuras como los
alpendes. Estos son construcciones realizadas tanto en piedra, mampostería o
bien en el interior de cuevas que servían como refugio al ganado que en esta
zona es mayoritariamente caprino o vacuno.
Los bancales y las cadenas de cultivo escalan las pendientes
de lugares como el Barranco de Moya, evidencias del duro trabajo del agricultor
canario que luchó y lucha contra las condiciones adversas de un territorio donde
escasean las zonas llanas. Los muros de piedra, tan característicos del paisaje
del norte y que sirvieron para salvar las fuertes pendientes y delimitar las
parcelas, guardan la tierra que contiene el fruto; plátanos, papas o milla de la
actividad agrícola.
La ingeniería hidráulica es parte fundamental del legado
cultural del municipio. Cantoneras para repartir el agua de riego entre los
agricultores a través de sus bocas o tornas. Agua que circula por las acequias y
que salva los desniveles del agreste relieve gracias a la construcción de los
acueductos como el de Las Canales en Lomo Blanco o el Acueducto de Trujillo.
Galerías y pozos de donde se extrae el agua del subsuelo, canales encargados de
su conducción y estanques para almacenarla completan parte del paisaje
hidráulico de Moya. También destacaremos los pilares en los que la población
obtenía el agua para beber, los lavaderos etc.
Los molinos merecen un apartado especial, ya que si bien la
gran mayoría hacían girar sus piedras con la fuerza motriz del agua de las
heredades como el Molino de Azuaje de 1850-1859. Existen en la actualidad otros
que funcionan con energía eléctrica como en Molino de Abajo o de Los Lavaderos
que empleó en un principio la fuerza motriz de los caudales de agua.
También debemos destacar que el 65% de extensión del
municipio está constituido por Espacios Naturales Protegidos por lo que no
debemos dejar de visitarlos. Dentro del Parque Natural de Cumbres, se recoge el
sector meridional del municipio. Area de gran valor paisajístico, así como
geomorfológico, incluyendo dos de los últimos volcanes activos de la isla (Montañón
Negro y Caldera de los Pinos).
El Parque Natural de Doramas incluye un sector, de la amplia
superficie de monteverde, que cubriera el norte grancanario. Reducido a pequeños
enclaves, en medio de un área ampliamente roturada para establecer cultivos de
medianías, suponen espacios de alto valor ecológico. Dentro del mismo, cabe
señalar Los Tiles. Punto de visita obligado para los numerosos botánicos que
visitaban la isla, por su espectacularidad y variedad de elementos florísticos,
existen descripciones de este lugar desde los años siguientes a la Conquista,
siendo muy notoria la realizada por Cairasco de Figueroa (1581). En el sector
inferior de este espacio protegido aparecen numerosos ejemplares de palmeras. De
hecho, toda esta franja costera alberga una de las mejores muestras de palmeral
de esta parte de la Isla.
Cuando esta nuestra isla fue incorporada a Castilla, era
célebre en toda la nación la villa de Moya, en el Obispado de Baeza. El nombre
de esta villa, que tanta sangre, costó a moros y cristianos lo habían
inmortalizado, con sus hazañas, los descendientes del bravo Don Martín, capitán
de Don Alfonso el noveno, y el primero de los adalides cristianos que, a escala
descubierta, trepó por los muros y penetró en la villa, cuando fue recuperada
por los sarracenos.
Para conmemorar perpetuamente esta proeza, que fue grabada en
su escudo tomó el Don Martín el apelativo de Moya que, en los días de la
Conquista, llevaba muy nobles casas, cuyos solares radicaban en Baeza, Ubeda y
Pastrana.
Algunos de los mismos conquistadores de las islas tenían
también este apellido. En la lista de estos, que trae Antonio de Viana, en el
canto XI de su celebrado poema, aparece Baltazar de Moya, soldado de la Compañía
de Hernando de Escalante. Y es posible que algunos de los fundadores de Moya, o
usaran de este apellido, o fueran deudos de las ilustres familias que se
honraban con él; o, acaso, fueran oriundos de alguna de las poblaciones
españolas que aún conservan este nombre.
Tampoco debemos olvidar que don Andrés Cabrera de Gibaja y
Castillo, primer marqués de Moya, desde 1.480, era sobrino segundo de los
célebres capitanes Hernán García del Castillo y Cristóbal García del Castillo
que, sirviendo la Conquista, con armas, criados y caballos a su costa, ganaron,
con su lanza, extensos repartimientos de aguas y tierras, en Telde, donde fueron
fundadores dé la parroquia, y en Moya, donde aún conservan predios valiosos sus
nobles descendientes.
Este primer marqués de Moya, al que los Reyes engrandecieron
y honraron con la alcaldía mayor y guarda perpetua de los alcázares y ciudad de
Segovia, y con los señoríos de Moya, Chinchón, Brunete, Bayona, Cien Pozuelos, y
otros muchos estados era, en aquellos días el más poderoso y autorizado rico del
Reino.
La Marquesa, su esposa, dama favorita y camarera mayor de la
inmortal Isabel la Católica era cuñada de Herán Peraza, Conde soberano de la
Gomera, señor de la isla del Hierro, e hijo de don Diego García de Herrera que
tanta parte tuvo en la sumisión de Gran Canaria.
Y muy bien pudo ser que una indicación hecha a los fundadores
de Moya, por los déudos poderosos que, en Canarias, tenían los marqueses
cortesanos, diera este nombre al nuevo pueblo.
Así halagaban y agradaban a tan novelísimos e influyentes
magnates perpetuando, en esta peña, el recuerdo de la gloriosa villa española
que daba nombre al título de Castilla con que los parientes v protectores habían
sido agraciados.
En el territorio que hoy es de Moya durante los años de la conquista hubo
algunos hechos históricos:
En la Costa de Lairaga perteneciente
a este Término están los bosquecillos tupidos y frondosos en donde fue
aprisionado por los soldados de Diego Herrera, la hermosa Tenesoya Vidina
sobrina del Guanarteme de Galdar.
Cuando se iba a bañar, al salir el sol fue conducida a
Lanzarote, y bautizada con el nombre de Luisa, luego más tarde se casó con
Marciot de Bethencourt de nobilísimo linaje.
En esta misma
costa de Lairaga y en el sitio por donde desemboca en el mar el Barranco de
Moya. Recibió Pedro de Vera ( Capitán General de la conquista) al último Rey o
Guanarteme de Gran Canaria al que habían aprisionado los soldados que mandaba
Alonso Fernández, por que unos espías descubrieron y denunciaron la escondida
cueva donde el jefe isleño había venido a pasar la noche, atraído por el amor de
una indígena y linda mozuela. Con él fueron apresados cuatro nobles, acompañados
de sus mejores, y el gran guerreador Maninidra fueron recibidos por Don Pedro de
Vera al frente de un lúcido escuadrón,, con honores y cortesías de que eran
dignos tan nobles personajes.
En la selva de laurisilva, encontraba Doramas un refugio para
él y su ejército y desde allí organizaba salidas para atacar a sus
conquistadores. Era Doramas un guerrero valiente y genial, por eso lo honraron,
en su muerte gloriosa vencedores y vencidos, como el “último de los canarios“,
es que con él acabaron y desaparecieron aquella constancia y resistencia
invencible, con que un pequeño de hombres lo definen.
Fue Doramas el último señor de la Montaña de Moya, antes de
pasar éstos a manos de España.