SANTA BRÍGIDA


 

 

                   

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    Antes fue conocida como Sataute, por las numerosas palmeras que crecían junto a los barrancos de la actual Santa Brígida. Hoy día mezcla del pasado agrícola y presente residencial, al ser el territorio preferido por aquellos que aspiran a vivir en suntuosas casas y viviendas alejadas de la gran urbe en la que se ha convertido la capital de la Isla. A ello ha contribuido positivamente la feracidad de estas tierras, donde casi todos los topónimos hacen alusión a su pasado de grandes extensiones de plantas autóctonas: Dragonal, Lentiscos, Madroñal, Pino Santo... Y, de hecho, su núcleo urbano se encuentra junto a un barranco con bellos palmerales, origen de su toponimia prehispánica: Satautejo.

    La Atalaya es un antiguo poblado de cuevas y alfarero, con sus casas excavadas habitadas. Aquí podemos apreciar los antiguos modos de hacer la cerámica, en el que fuera el alfar de Panchito. Muy cerca se encuentra el campo
de golf y la Caldera de Bandama, cráter volcánico de 1 Km. de boca, cuya mejor vista se consigue desde el mirador del mismo nombre a 569 m. de altitud, desde donde también se divisan las Vegas, la Capital y Telde.

    El municipio de San Brígida, a lo largo de la historia ha sufrido diversos cambios en su propia denominación. Así Sataute, que significa "palmera", era la denominación aborigen. Otros nombres que igualmente ha recibido son: El Lugar de la Vega, La Vega, Vega de Abajo, Vega de San Antonio y, por último, Santa Brígida o Villa de Santa Brígida.

    Los aborígenes canarios vivieron y se desenvolvieron en este municipio, utilizando como medio de subsistencia el bosque, obteniendo leña para sus hornos de cerámica y sus hogueras, y madera para sus herramientas y utensilios. Esto lo podemos ver reflejado en los yacimientos arqueológicos del municipio de Santa Brígida, como La Atalaya y Cueva de los Canarios.
    Después de la conquista de la isla de Gran Canaria, la Vega es uno de los primeros municipios que entra en el proceso colonizador de la isla, procediéndose al consecuente repartimiento de tierras y aguas. Tenía aguas abundantes y buenas tierras y por otro lado no estaba muy lejos de la capital, condiciones éstas muy útiles para colonizar un terreno. En pocos años, los conquistadores y colonizadores, andaluces y castellanos, convirtieron Santa Brígida en "un auténtico vergel, a golpes de hacha y surcos de arado"; así nos lo describe el historiador Antonio Rumeu de Armas.
    En este contexto, el Monte Lentiscal pasa a ser un territorio realengo, con el consiguiente aprovechamiento comunal de los productos que ofrece. Sin embargo, la rápida deforestación supone un retroceso progresivo durante el Antiguo Régimen, comenzando igualmente un proceso de privatización a mediados del siglo XVII. Esta tendencia prevalecerá a lo largo de esta etapa. Incluso se produce la gestación de un nuevo paisaje, la producción vitícola, con sus bodegas y lagares, se irán convirtiendo en el protagonista de la economía de Santa Brígida.
    A pesar de la hegemonía de la viña, se plantaron otros cultivos, como el cereal, base fundamental de la dieta alimentaria de los siglos modernistas, la caña de azúcar, producto que en el siglo XVI ocupó gran parte de los campos de cultivo del siglo XVI, ya que, durante este siglo, dio numerosos beneficios con su exportación a los mercados de América y del Norte de Europa. La importancia de la producción azucarera la vemos reflejada en la creación de una ermita, primitiva iglesia fundada por Francisco de Maluenda e Isabel Guerra.
    Santa Brígida se convierte así en uno de los lugares más atrayentes, puesto que las condiciones climáticas y la capacidad productiva de la tierra, la sitúan como un núcleo poblacional importante. La importancia de
    Uno de los episodios que debemos destacar de la historia de este municipio es el acaecido en 1599, en el Monte Lentiscal fueron derrotados los holandeses de Van der Does, por las milicias que estaban en ese momento en la Vega, bajo el mando del capitán Cipriano de Torres.
    En el siglo XVII se produce un importante aumento de la población, manteniéndose esta tendencia durante los siglos posteriores. Los habitantes se distribuyen entre los barrios de El Monte, La Atalaya, Las Cuevas, Las Goteras, Satautejo, La Angostura, Los Silos, Lomo Espino y Pino Santo. Santa Brígida se convierte de esta forma en la tercera población más importante de Gran Canaria, siguiendo a Las Palmas de Gran Canaria y Telde.
    Hay que destacar que con motivo de la Fiebre Amarilla en Las Palmas de Gran Canaria en el año 1808, se trasladan al municipio las sedes de la Real Audiencia y la Inquisición, concretamente se ubican en El Madroñal, en una casona solariega, conocida hoy por la Inquisición.
    En la actualidad la economía agraria ha pasado a un segundo plano, produciéndose en el municipio un aumento de las zonas edificadas, por lo tanto un retroceso en el sector agrícola. Las actividades comerciales y el turismo, junto al desarrollo de estas urbanizaciones, han propiciado este giro en la economía del municipio.

 

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