SAN NICOLÁS DE TOLENTINO


El león y el castillo del primer cuartel, por los
reinos bajo cuya égida Gran Canaria fue incorporada a Ca
stilla. La Iglesia del
segundo cuartel sobre fondo azur. El velero sobre ondas de azur y plata del
tercer cuartel. La balanza es sinople sobre fondo de oro en el cuarto cuartel.
Bordura de plata cargada de ocho espadas en sable. Al timbre Corona Real
abierta.
El municipio de San Nicolás de Tolentino, en el
extremo más occidental de Gran Canaria, se alarga de norte a sur, en una
irregular franja de 139 Kms. cuadrados. Su poniente está bañado por el Océano Atlántico y su naciente limitado por los municipios de Artenara, al norte,
Tejeda, al este, y Mogán, al sur. El territorio se distribuye en dos áreas bien
definidas: el Valle de La Aldea, perteneciente a la cuenca hidrográfica del
Barranco de Tejeda-La Aldea, y las pequeñas cuencas adyacentes de Tasarte,
Tasartico y Güi-Güí, por lo que se le considera "una isla dentro de otra isla".
Datos del municipio: Superficie: 139 km.2
Población: 8.055 hab.
Longitud del litoral: 28,32 km.
Altitud capital municipio: 33 mts.
Altitud máxima: 450 mts.
La población aborigen en esta comarca fue muy importante. Había un gran poblado,
el más importante del oeste de Gran Canaria, en el que destacaba notablemente el
de Caserones.
La población canaria de esta época se extendía por todos los cauces de la
cuenca, a modo de pequeños poblados, localizados cerca de los manantiales y
aprovechando las solanas y oquedades del terreno: en la desembocadura del
barranco principal de La Aldea, en Las Gambuesillas (gambuesa = lugar para
encierro de ganado), Cormeja, Los Palmaretes, la Degollada de Los Corraletes,
Artejeves, El Pueblo, Tocodomán-El Hoyo, la Degolladita de Gómez, Furel,
Tasarte, Tasartico, Guguy (Güi-Güi) y, probablemente, en la zona baja, la
tradicional franja fértil del valle de La Aldea, en la que, por roturarse desde
los primeros años de la Colonización, fueron destruidas las construcciones
canarias (poblado de Los Caserones).
En la Isla se desarrollaba una incipiente agricultura de regadío y de secano,
que se alternaba con actividades pastoriles. Esta economía encaja perfectamente
en el medio físico aldeano, rico en fértiles aluviones, diseminados no sólo por
las márgenes del barranco principal, cuya población más importante fue la de Los
Caserones, sino también en los distintos cauces de sus barrancos tributarios.
La pesca, lógicamente, fue otro de los pilares básicos de aquella economía
primaria de subsistencia, sobre todo en el poblado de Los Caserones. Aquí nos
encontramos con la singular pesca en la "marciega", hoy El Charco. La pesca en
los charcos costeros estaba generalizada entre los canarios, y en La Aldea
perduró hasta tiempos recientes con el nombre de "embarbasca". Al respecto, Chil
y Naranjo escribe de los antiguos canarios: "En los charcos profundos echaban la
savia del cardón y de la tabaiba, con cuya sustancia se narcotizaban los peces,
que subían luego a la superficie, en donde los cogían, método que aún se emplea
en varios puntos de la isla y, principalmente, en La Aldea de San Nicolás, y se
conoce con el nombre de "embarbascada". La "embarbascada" ha sido la base
original de la fiesta popular representativa de La Aldea, la Fiesta del Charco,
que se celebra cada 11 de septiembre.
La localización en La Aldea de una importantísima explotación minera de
obsidiana supone la posible existencia de un elemento importante en la economía
del trueque, basada en su habitual utilización, escasez, esfuerzo de extracción
y transporte desde la explotación, además de su operatividad para el cambio.
Este vidrio volcánico no sólo se encuentra en los yacimientos arqueológicos de
La Aldea, sino también esparcido por los restantes de la isla, lo que avala su
importancia en el marco de la economía aborigen.
En 1352 se establece en Gran Canaria una misión mallorquina con 30 frailes y 12
esclavos convertidos. Los datos sobre esta y otras expediciones son confusos. Lo
cierto es que las primeras crónicas señalan que una de esas misiones
mallorquinas se estableció en la playa de La Aldea, donde se erigió una pequeña
ermita en honor a San Nicolás de Tolentino, que debió estar ubicada en una de
las cuevas que aún subsisten en El Roque.
En los últimos meses de la Conquista, tuvo lugar en este término municipal el
sangriento encuentro bélico de Ajódar (Tasartico), donde la resistencia canaria
infligió a las fuerzas de ocupación la derrota más humillante que sufrió en esta
isla. En ella murió toda una compañía de 200 ballesteros y su capitán, Miguel de
Mújica, víctimas de un estratégico plan de defensa de los canarios. Las crónicas
cuentan que, si no hubiera sido por la intervención del guanarteme converso,
Tenesor Semidán, el propio gobernador, Pedro de Vera, también hubiera sido
aniquilado por los canarios.
Después de Ajódar, en un dilatado espacio de tiempo, ni crónicas ni relaciones
históricas se ocuparán de recoger información sobre este valle, escribiéndose
muy poco en los siglos siguientes sobre la lejana y olvidada Aldea de San
Nicolás.
A principios del siglo XVI, aparece vinculada una parte del valle de La Aldea,
con las aguas que discurrían de Tejeda, a la familia de Pedro Fernández Señorino
de Lugo, hermano de aquel capitán que más tarde sería nombrado por los Reyes
Católicos como Adelantado de Canarias. Con posteriores traspasos en aquel siglo,
tales derechos pasaron al noble Tomás Grimón, causante de la Casa Nava-Grimón, a
la que los vecinos de La Aldea discutieron su propiedad durante siglos.
A partir del siglo XVII se van consolidando en el valle de La Aldea propiedades
agrarias particulares, por usurpación, en su mayor parte, de los espacios
públicos. La Casa de Grimón, tras ganar a un grupo de colonos apoyados por el
Cabildo, en 1645, un primer pleito y adquirir, por compras, otros cortijos,
inicia un proyecto de acaparación de toda la banda Sur del valle y que, tras
vincularla a su mayorazgo (1667), culmina, a excepción del cortijo de Tocodomán,
sus descendientes, los Marqueses de Villanueva del Prado. La relación social
establece el poder de éstos como terratenientes y a todo el pueblo como colonos,
al partido de medias perpetuas. Esta posesión será conflictiva, debido a la
fuerte y dilatada oposición que esta casa encuentra en los medianeros enfiteutas,
que a lo largo de muchas generaciones protagonizan el célebre proceso histórico
conocido por "El Pleito de La Aldea", que determina la historia del pueblo hasta
su solución, en 1927, y sustancia un complejo proceso judicial, junto a largas y
alternantes revueltas sociales.
Durante el siglo XVIII se configuran los núcleos históricos de población de esta
comarca, fracasa un intento de repoblación del suroeste, promocionado por la
política reformista borbónica, y tienen lugar diversos amotinamientos en La
Aldea, en el contexto de crisis de subsistencia, pleito socio-agrario y
usurpación de terrenos realengos. Al finalizar el siglo, la comarca alcanza una
alta cota de crecimiento económico y demográfico (1.337 habitantes), en un
momento de tránsito hacia el capitalismo agrario, un granero que abastecía no
sólo otras zonas de Gran Canaria, sino también a la isla de Tenerife, a través
de una red marítima con pequeños barquitos de vela.
La consolidación del liberalismo en España, después de la muerte de Fernando VII,
afectó al régimen jurídico de la tierra, con tres medidas revolucionarias: la
abolición del régimen señorial, la desvinculación de los mayorazgos y la
desamortización de los bienes eclesiásticos y del Estado. La desvinculación de
los mayorazgos permitió a la Casa de Nava-Grimón poder hipotecar y vender su
patrimonio, para hacer frente a los endeudamientos de su mala gestión económica,
por lo que perderán, en 1892, su histórica hacienda de La Aldea, que pasará a la
familia de los Pérez Galdós.
Salvo el empuje económico que pudo suponer el cultivo de la cochinilla, no se
produjo, en el siglo XIX, una alteración social y económica. En La Aldea se
mantuvieron las estructuras casi feudales preexistentes. Prácticamente, en más
de medio siglo apenas creció su población, lo que debió suponer una fuerte
corriente de emigración hacia América, junto a una absoluta calma social, en
constraste con las virulentas manifestaciones de finales del siglo XVIII y
principios del XIX.
En el período democrático que generó la Revolución de 1868, tuvo lugar la
reactivación del viejo Pleito de La Aldea, que parecía dormido desde 1817. La
restauración bórbonica, en 1875, permitió un control político del municipio, a
lo que respondieron los vecinos con una insubordinación colectiva y el asesinato
de Diego Ramón de la Rosa, secretario del Ayuntamiento, hecho que tuvo lugar el
19 de marzo de 1876, por haber mostrado este funcionario causa a favor del
alcalde Marcial Melián, quien a su vez ejercía el cargo de administrador del
marqués, habiendo intentado, en aquellos días, un deshaucio colectivo de los
medianeros. Este asesinato puso la atención de toda Canarias en La Aldea, pueblo
que fue tomado militarmente a punta de bayoneta y arrestado todos sus vecinos
más influyentes, tras haber comprobado las autoridades indicios de causa común
del pueblo en el lamentable suceso.
El marquesado de Villanueva del Prado perderá finalmente La Aldea en manos de
sus acreedores principales, los Pérez Galdós, quienes entrarán en posesión de la
misma en 1893. En 1912, se registró la rebelión colectiva de los colonos en
contra de la Casa Nueva. "La Aldea para los aldeanos" fue el grito de las nuevas
generaciones contra la terratenencia y apoyadas desde el púlpito de la
parroquia.
En un nuevo cambio de titularidad de la conflictiva hacienda de La Aldea de San
Nicolás, en 1921 se abrió un proceso litigioso de gran virulencia social,
viéndose obligado el Gobierno a intervenir directamente. Tras la visita al mismo
pueblo, el 14 de febrero de 1927, del Ministro de Gracia y Justicia, Galo Ponte
y Escartín, se solucionaba para siempre aquel litigio de tres siglos de
antigüedad: se expropiaba a los titulares de la finca en litigio o gran hacienda
de La Aldea de San Nicolás (1.954 Ha.) y, a su vez, se vendían sus tierras y
aguas, inseparablemente, a los colonos, para que por fin las disfrutaran,
mediante el Decreto-Ley de 15 de marzo de 1927.
Tras la solución del Pleito, se acelera el crecimiento económico y demográfico
de La Aldea, que se paraliza en el período de la Guerra Civil y de la Segunda
Guerra Mundial, época en que las exportaciones de tomates sufren un retroceso,
con la introducción de cultivos alternativos para el autoconsumo y de caña dulce
para una industria local de ron.
El secular aislamiento terrestre se rompe con la apertura de la carretera
general Agaete-La Aldea, en 1939. La comercialización del tomate pasará
progresivamente a manos de empresas familiares locales, que controlarán todas
las fuerzas productivas en un momento de máximo desarrollo económico y
demográfico, traducido en una nueva fase de "hambre de tierra". El plano
demográfico representa una auténtica explosión, producto de una altísima
inmigración, y que pasa de los 2.000 habitantes que aproximadamente vivían en La
Aldea en la década de los años 20 a los 9.000 que se contabilizan en 1965.
Este período expansivo entra en crisis a mediados de los 60. Las causas pasan
por un amplio abanico, desde condiciones climáticas y de comercialización
adversas hasta incapacidad de gestión empresarial. En los años 70 tiene lugar la
implantación del plátano como alternativa al tomate, cuyo fracaso, por una nueva
sequía dilatada hasta final de la década, dará paso a la revalorización del
cultivo y comercialización del tomate, esta vez con visión comercial, desde la
perspectiva cooperativista y con nuevas tecnologías. La economía local de los 90
se abre con la incertidumbre que ofrecen los mercados de la Unión Europea.
La representación más masiva de la artesanía aldeana podemos verla en el Aula
Etnográfica que existe en el pueblo. Hombres y mujeres, a través de su trabajo,
tratan de hacer que no se pierdan todas esas tradiciones que tan arraigadas han
estado desde siempre en La Aldea. En este aula se trabaja el barro, la palma, el
mimbre, el cuero, los cuchillos canarios, elaboración de traperas, etc... Existe
también, en la misma Oficina de Información Turística, un espacio reservado para
que esos trabajos que realizan los artesanos aldeanos puedan tener salida a
través de la venta directa.
En cuanto a cocina canaria se refiere, los productos típicos de la zona, aparte
de lo que podemos encontrar en cualquier otro lugar del archipiélago, son:
Los pescados y las carnes frescas.
La Ropa Vieja de Pulpo: este plato nació del ingenio del propietario del
restaurante de La Playa de Tasarte. Actualmente se ofrece en el mismo y en los
restaurantes de la Playa de La Aldea, los domingos.
Los tomates que cultivamos en La Aldea (base económica del municipio).
Las frutas tropicales (papayos, mangos, guayabos, granadas, aguacates)
El queso de Coaldea.
Los dulces de tomate maduro, tomate verde, papaya y mango, elaborados de manera
totalmente artesanal por parte de algunas familias del municipio.
Gracias al convenio firmado entre el Patronato de Turismo de Gran Canaria y el
Ayuntamiento de San Nicolás de Tolentino, existe hoy día una Oficina de
Información Turística, abierta al público de 10.30 a 18.30, de lunes a viernes,
y de 10.30 a 14.30 los sábados. Está ubicada en el área de recreo del Parque de
La Ladera, en el cruce de Mogán.
Lugares de Interés Histórico Cultural
El municipio de San Nicolás de Tolentino no cuenta con
grandes obras arquitectónicas puesto que, como hemos señalado con anterioridad,
no se produce un desarrollo económico floreciente. Por tanto destacará
fundamentalmente la arquitectura popular. Sin embargo debemos señalar
determinados lugares de una gran relevancia histórica y cultural:
· Los Caserones El legado artístico aborigen de La Aldea es muy importante
debido, fundamentalmente a la rica colección de pintaderas e ídolos de barro y
piedra conservados en El Museo Canario. Al mismo tiempo se hallan variados
modelos de cerámica pintada procedentes de distintos yacimientos arqueológicos,
sobre todo de Los Caserones.
· La Casa Nueva Destaca entre las obras domésticas históricas por ser la
residencia de los administradores del Marqués de Villanueva del Prado. Su
construcción se inicia en 1676; se trata de la típica casona, propia de las
Islas Orientales.
· La Casa Rural La arquitectura popular, a lo largo de la historia de la
vivienda, ha diseñado diferentes modelos, entre los que podemos destacar la casa
de piedra y barro, de los siglos XVII y XVIII, las casas de balcón del siglo
XVIII (Casa del Balcón, Casas Blancas y Casa del Corredor, en Tocodomán), la
construcción doméstica que se inicia en la segunda mitad del siglo XIX, las
casas terreras de principios de siglo y, por último, las casas con influencia
del estilo ecléctico cubano diseñadas por el maestro Simeón Rodríguez y su hijo
Pancho Rosales (como la Casa de las Columnas).
En la arquitectura popular debe destacarse las grandes obras
de principios de siglo para el empaquetado de tomates, destacando la fachada de
L´Almacén de Los Picos, en Los Llanos; el Almacén de la Casa Nueva en Jerez, con
tres grandes naves con techumbre a dos aguas, cubierta con la entonces novedosa
de la plancha de zinc.
En el capítulo de arquitecturas e ingenierías históricas /
arqueología industrial son de especial relevancia e interés, aunque en peligro
de desaparición si no se toman medidas urgentes de recuperación, las antiguas
eras de trillar, aeromotores y motores para extracción de agua, minas de agua
situadas en el barranco de Tocodomán, molinos harineros de viento y de agua;
hornos de cal, brea y pan y el alambique para la destilación de ron que funcionó
entre 1936 a 1958, en la Playa de La Aldea.