TELDE
Paño rectangular de seda, tafetán, raso, lanilla o fibra sintética,
según los casos, cuya longitud es vez y media mayor que su ancho; compuesto de
dos franjas horizontales de igual tamaño. La primera o superior de color rojo, y
la segunda o inferior de color azul. (...)
Se justifican tales colores por
ser los utilizados tradicionalmente como bandera del municipio en recuerdo del
primer estandarte blandido desde la Alameda de San Juan hasta la Plaza de los
Llanos y que consistía en la ensangrentada camiseta azul que perteneció al lider
teldense Matías Zurita, fusilado en la misma plaza; y símbolos de la nobleza,
gallardía y valentía de los hijos de Telde"
Y el hecho cierto es que desde que se tiene noticia el pueblo de Telde ha venido
usando un paño dividido horizontalmente de rojo y azul como enseña propia, hasta
el punto de que cuando en 1967 se decidió adoptar escudo heráldico para el
municipio, se eligieron como esmaltes principales los colores de la bandera, y
así, por Decreto del Consejo de Ministros 2.602/74 de 30 de agosto, es escudo de
Telde es:
Escudo cortado: primero, de azur, el sol, de oro, acompañado
de llave y báculo del mismo metal; segundo, de gules, el castillo de plata. Al
timbre, el lema, de plata y con letras de sable, "Fortunatarum prima civitas et
sedes" y corona real abierta
Tanto los elementos del escudo como el lema recogen el hecho
de que en Telde se crease el primer obispado de Canarias (posteriormente
trasladado a Las Palmas), así como el primer enclave de penetración de los
conquistadores castellanos (la Torre de Gando).
Los
acontecimientos a que hace referencia el texto de la Orden, y en los que se
inspira la bandera de Telde, tuvieron lugar en 1823, en el marco de la reacción
absolutista contra el régimen constitucional instaurado por el pronunciamiento
de Riego.
Y ha sido ahora cuando el Ayuntamiento ha decidido dar sanción oficial a una bandera de larga tradición, inspirada en el sacrificio de un hombre que dio su vida por una causa. Y aunque desde la perspectiva actual nos pueda parecer chocante el que se rinda homenaje a alguien que defendió el absolutismo contra la Constitución, hay que comprender que la verdadera causa por la que luchó Matías Zurita y las gentes que como él se rebelaron en esta y otras ocasiones no era Fernando VII o la unión del Trono y el Altar, sino la defensa de los fueros, derechos y privilegios –y en definitiva, de las señas de identidad- de los pueblos de Gran Canaria, frente a lo que percibían como la amenaza centralizadora y uniformizadora de la gran ciudad que ya se iban perfilando. En ese sentido, la bandera de Telde cumple plenamente la finalidad de reflejar una importante parte de su historia y de su lucha por conservar sus señas de identidad.
El 7 de abril
de 1823 el Duque de Angulema, al mando de los llamados Cien Mil Hijos de San
Luis, cruza el Bidasoa para derrocar el régimen constitucional y devolver a
Fernando VII sus poderes absolutos. Al tener conocimiento de la invasión, los
sectores contrarios al liberalismo promovieron en los pueblos y ciudades
alzamientos y motines para favorecer la acción de la Santa Alianza.
En Canarias, como en el resto de España, los más poderosos,
así como la mayoría del clero, se alineaban con el bando absolutista y estaban
en relaciones con la junta apostólica que había preparado la contrarrevolución.
Por otra parte, entre los campesinos también provocaba rechazo la naciente
legislación agraria liberal, así como lo que percibían como ataques a la
religión y al orden tradicional. Y en el caso de la isla de Gran Canaria, a ello
hay que añadir las fuertes tensiones que desde tiempo atrás existían entre la
capital y el resto de los pueblos y ciudades, que veían como una amenaza a sus
derechos tradicionales y a su misma supervivencia la cada vez mayor influencia
de Las Palmas; esto se agravaba con las medidas centralizadoras de los
liberales, más proclives a favorecer a las ciudades y a la burguesía comercial e
industrial que a los pueblos dependientes de la agricultura. De hecho, a lo
largo de todo el siglo XIX se sucederán los motines y revueltas de los pueblos
contra la capital, en defensa de sus fueros y derechos o privilegios.
La fecha de la sublevación en Gran Canaria se fijó para el 8
de septiembre, con el objetivo de asaltar la capital, destituir a las
autoridades y proclamarse independientes de Tenerife. Para ello contaban con el
apoyo de algunas fuerzas de la milicia provincial y de algunas familias nobles
de Las Palmas. La escasa guarnición de la ciudad, así como la milicia cívica, se
sintió alarmada por los rumores y conatos de levantamiento, hasta el punto de
que el jefe político de Canarias, Rodrigo Fernández Castañón, se trasladó desde
Tenerife con una columna de granaderos, desembarcando en Las Palmas el 30 de
agosto de 1823. En aquellos momentos la victoria absolutista ya era casi total
en la Península, y sólo Cádiz resistía
En los pueblos del sur de la isla, la rebelión estaba
encabezada por José Urquía, Juan Gordillo y Matías Zurita. Éste, nacido en Telde
el 13 de diciembre de 1751, ya se había destacado por dirigir en 1808 una marcha
contra la capital. Al amanecer del 7 de septiembre, fuerzas provenientes del
centro y norte de la isla se concentraron al pie de la montaña de Tafira. Ante
la noticia, Castañón se puso al frente de la milicia ciudadana, la columna de
granaderos y algunas piezas de artillería de montaña. La masa de los sublevados
la componían campesinos sin dirigentes cualificados, preparación ni armamento,
de modo que no es de extrañar que cuando Castañón ordenó disparar algunas balas
al aire huyeran en desbandada por los campos.
Pero al día siguiente los absolutistas se reorganizaron y,
reforzados por algunas milicias provinciales, se dirigieron hacia Telde con José
Urquía y Matías Zurita a la cabeza, acampando en la llanura de Cendro que domina
el cauce del barranco de Telde. Las fuerzas gubernamentales no tardaron en
salirles al encuentro, formando en orden de batalla frente a los amotinados.
Antes de comenzar la lucha, Castañón envió parlamentarios ofreciendo a los
rebeldes un perdón generoso si se retiraban a sus casas, lo que tuvo como efecto
que los soldados y oficiales de las milicias provinciales se pasaran con armas y
bagajes a los liberales. Los campesinos, al verse sin el apoyo de los
milicianos, y ante el sonido de los primeros disparos, volvieron a huir por
cerros y barrancos sin oponer apenas resistencia. Aquella misma tarde la columna
liberal entró en Telde y acampó en la plaza principal.
Dado que Matías Zurita se había destacado como cabecilla de
la sublevación, los liberales salieron en su busca, lo capturaron y en juicio
sumarísimo lo condenaron a muerte, a pesar de su avanzada edad (contaba 72
años). El 13 de septiembre fue fusilado en la Plaza o Alameda de San Juan de
Telde por los granaderos de Tenerife, ya que los milicianos de Las Palmas no
quisieron participar en tan injusta acción y regresaron a la capital la tarde
anterior. Se cuenta que Zurita demostró gran entereza al llegar al lugar de la
ejecución y exclamó: "¡Cuánta gente para ver morir a un hombre!".
Hasta aquí lo que nos dice la historia escrita,
fundamentalmente la Historia General de Canarias de Agustín Millares Torres.

Pueblo de TUFIA
Pero el pueblo de Telde conserva la tradición oral de lo que
sucedió a continuación, y según el cronista oficial de la ciudad, don Antonio
González Padrón, se trata de una historia que con ligeras variantes se ha venido
teniendo como cierta durante generaciones.
Así, se cuenta que tras producirse la descarga del pelotón de
fusilamiento el hijo de Matías Zurita corrió junto a su padre, y éste, con su
último aliento, le dijo algo así como "ésta es mi bandera" o "toma mi bandera",
probablemente refiriéndose a la causa por la que había luchado y muerto, y que
ahora correspondía continuar a su hijo. Pero éste decidió tomar al pie de la
letra esas palabras, y cogiendo la blusa o casaca azul del cadáver, empapada con
la sangre del viejo absolutista, (según otras versiones, un paño azul con el que
habría sido cubierto el cuerpo sin vida) la izó a modo de estandarte sobre una
especie de pica usada para faenas agrícolas, y la llevó en alto desde la Alameda
de San Juan hasta la Plaza de Los Llanos, la plaza del mercado, donde permaneció
plantada durante varios días como homenaje al líder muerto y como protesta por
el bárbaro acto.