VALLESECO


 

 

                   

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      Orden de 6 de Abril de 1988. Escudo partido y cortado: primero, de sinople, un pozo artesano; segundo, de plata, frutal del manzano; tercero, de plata, el Templo de San Vicente Ferrer, Patrono del pueblo; cuarto de sinople, el escudo parroquial. Al Timbre, Corona Real cerrada.

    En cuanto a la historia del municipio, ésta comienza bien entrado el siglo XVI, cuando se empiezan a repartir las tierras de las medianías a favor de propietarios foráneos que no residían en el municipio. Poseían éstos en la costa grandes extensiones de caña de azúcar, una industria floreciente por aquel entonces en los mercados europeos. Pero estos cultivos de regadío requerían una gran cantidad de agua, así como de madera para su posterior refinado en los ingenios azucareros. Es por ello que estos propietarios se apropiaron de estas tierras de medianías, ricas en bosques, así como de sus aguas, creando toda una infraestructura para canalizarlas, que aún perdura en nuestros días.
    En relación al reparto de tierras de este municipio, el Libro de Repartimientos recoge como más relevantes las datas concedidas en el siglo XVIII a la Mayordomía del Pino de Teror en la época de Carlos III (1.767), en pago a sus rezos y para el mantenimiento de la Iglesia. También se beneficiaron algunas familias como los Troya, originarios de Sevilla que llegaron a estas tierras tras la conquista y ganaron canónizas y privilegios por la condición de canónigos de la Catedral de Santa Ana, de Juan y Diego de Troya. El último mayorazgo perteneció a Don Pablo Romero Palomino (sobrino de la poetisa Agustina Romero, más conocida como ?La Perejila?), personaje peculiar que poseía un gran cortijo denominado de el Melero y que es recordado también por diversas anécdotas que protagonizó.
    Pero los encargados de trabajar estas tierras no eran sus auténticos propietarios, sino los medianeros que se establecieron en la zona y que, a cambio de labrarlas, obtenían la mitad de las cosechas. Estos fueron los primeros habitantes de Valleseco, los que comenzaron a escribir su reciente historia, primeramente como pago del municipio de Teror y ya luego como municipio independiente.
    En 1842 comienza su andadura con su ayuntamiento propio, siendo por tanto el más joven de los municipios gran canarios.
    Pero ya entonces poseía una ermita, fruto del empeño de sus feligreses, que antes de su construcción debían caminar largas distancias para asistir a los oficios religiosos en Teror. La gran extensión del pueblo y las dificultades que esto entrañaba para las comunicaciones hizo aconsejable la separación como parroquia y municipio independiente. Más adelante, en 1.887 al aumentar la feligresía la vieja ermita se quedo pequeña, por lo que se edificó una nueva Iglesia. Eran tiempos difíciles en los que la subsistencia dependía de la bondad de la tierra. La agricultura y la cría de unos cuantos animales proporcionaban el alimento de la familia. Una vida llena de penurias, en la que la supervivencia requería una gran dosis de esfuerzo e ingenio y que obligó a muchos a irse de su tierra en busca de mejores horizontes, sobre todo, en Cuba y posteriormente en Venezuela.

Lugares de Interés Histórico Cultural     La Iglesia de San Vicente Ferrer es el edificio más antiguo de Valleseco, construido en 1.892. De fábrica sencilla se divide en tres naves principales abovedadas, destacándose el púlpito y los artesonados bajo el coro de estilo mudéjar, así como el Cepillo de ánimas y el de San Vicente Ferrer por su antigüedad y peculiar construcción. En su interior guarda una auténtica joya , un órgano del siglo XIII de origen alemán que se trajo de la Iglesia de Teror.
    Siendo el municipio de Gran Canaria con mayor nivel pluviométrico, no es de extrañar que el agua haya sido una de sus riquezas principales, creándose desde principios del siglo XIX una extensa infraestructura para su extracción y transporte hasta las tierras de la zona y las vastas vegas de la costa.
    En el recorrido de las acequias se establecieron fuentes, pilares y lavaderos para el aprovechamiento de este recurso por la población, siendo característicos del municipio los lavaderos con cubierta de teja del Balcón de Zamora y de Tierras Blancas, en los que aún hoy en día se puede observar a las lavanderas. Con la fuerza del agua se movían también las piedras de varios molinos construidos en la segunda mitad del siglo XIX y de los que se pueden observar algunos vestigios en algunos rincones de nuestro municipio.

 

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